DEMASIADO TRABAJO
Esa noche volvìa màs cansado que nunca.
-Fue un caso muy difìcil- se dijo. Pero sabìa que no era solo eso, que lo que le habìan dicho cuando empezò tenìa algo de cierto, aunque en aquel momento habìa pensado que era una tonterìa.
"Después de dos o tres años tendrà que dejar, el desgaste psìquico es importante, empiezan a fallar los reflejos y adquieren demasiada importancia los sentimientos".
Cuando aceptò ese trabajo hacìa meses que no encontraba màs que "changas" que apenas le daban para vivir, en cambio esto significaba continuidad y un sueldo màs que respetable.
Y al fin y al cabo siempre le habìa gustado la caza.
Lo màs molesto fueron las clases. El tenìa bien en claro la razòn por la que habìa entrado: dinero, y todo ese barullo no le interesaba.
Ahora, tres años después, recién advertìa que las clases habìan logrado su objetivo.
Mientras volvìa esa noche a su casa se dio cuenta que durante todo ese tiempo habìa creìdo que lo hacìa por la patria, el ser nacional, etc.,etc.
Que realmente lo hiciese por eso o no, no importaba, importaba creerlo, era la ùnica manera de vivir normalmente de dìa, luego de cada noche de trabajo. Y los "profesores" sabìan eso.
Lo extraño era que solo ahora lo entendìa, que a lo largo de cientos y cientos de "salidas de trabajo" no lo hubiese ni siquiera pensado, ni aùn en las màs arduas, aquellas en las que dejaba atràs, cuando se retiraba con sus hombres, criaturas llorando, madres gritando o padres puteando.
Claro, estaban las borracheras posteriores a esas noches, que él habìa considerado un premio a su esfuerzo y no una forma de escaparse, de acallar sonidos, de olvidar desgarros.
Solo ahora descubrìa el por qué de esa casi huìda de lo que Susana le ofrecìa: un hogar, hijos. Como sobrellevar semejante vida?
Llegò a su edificio y mientras subìa en el ascensor recordò el "caso" de esta noche. Muy duro; el tipo se resistìa al principio pero luego adoptò una actitud como de ... dignidad, sì, era eso, y contra eso él no tenìa armas, se sentìa sucio, pequeño, hediondo.
Cuando entrò en su habitaciòn y vio la cama, supo que esa noche iba a soñar. Habìa adquirido una habilidad especial para percibirlo, pero no lograba evitarlo.
También supo que ni el whisky lo ayudarìa esta vez, quizàs nunca màs.
Supo que habìa llegado el momento de retirarse.
Entonces, sin melodramatismos, se desnudò, se tirò en la cama, tomò el revòlver, se lo metiò en la boca y apretò el gatillo.
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